Algunos autores presentes en esta obra son: Luis de Gongora, Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Sor Juana Inés de la Cruz.
Salmo XVII De Francisco de Quevedo
Mire en los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansado
por quien caduca ya su valentía.
Salíme del campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurto su luz al día.
Entre en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte;
vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
El tema principal en este salmo de Francisco de Quevedo es la muerte. Describe como el tiempo va terminando con todo y termina por envejecerlo. Ello conlleva la muerte, el desgaste y ruinas. También habla de la perdida de cualidades propias de la juventud.
Ir y quedarse y con quedar
partirse,
partir sin alma e ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela consumirse
haciendo torres sobre la tierna
arena;
caer de un cielo y ser demonio en
pena
y de serlo jamas arrepentirse;
hablar las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades
es lo que llaman en el mundo
auscencia,
fuego en el alma y en la vida
infierno.
Este soneto de Lope de Vega relata el sufrimiento ocasionado por la ausencia del ser amado. Compara su falta del ser amado con las penas del infierno. También plasma todas esas cosas realizados para el ser amado aunque suelen resultar inútiles son motivo de orgullo.
Solé Campos, S. y Palomar, J. (2008). Poesía del Renacimiento y del Siglo de Oro. España: Octaedro.
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